| Entrevista
con...
Emma Torra
Enero 4, 2008.
Por Víctor Cortés
Nos encontramos en esta ocasión
con una guapa soprano de Voce in Tempore, Emma Torra Lázaro,
dueña de una presencia impactante y feliz poseedora de una de
las sonrisas ganadoras del concurso “Haga sentir bien en un concierto
difícil a la Maestra Ana Patricia”. La conversación
tiene lugar en un restaurante cercano al lugar de los ensayos dominicales,
que brinda un escenario ruidoso en un principio, pero que se silencia
conforme nos internamos en la biografía de la entrevistada de
esta tarde.
Nuestra invitada estudió una licenciatura en Biología
y, después de varios años, una maestría en Terapia
Familiar y una especialidad en Terapia de Pareja. Ante esta información,
la pregunta obvia: ¿cómo se encontraron esos dos caminos,
en apariencia tan dispares? Nos narra Emma que, después de terminar
sus estudios de Biología, trabajó seis años en
un consultorio de médicos ginecólogos, dedicados a hacer
tratamientos de infertilidad, en el que ella platicaba con las parejas,
les daba información acerca de los procedimientos, de lo que
se iba a hacer y lo que iba a pasar. En esas circunstancias, se dio
cuenta de que las parejas acudían muy estresadas y de repente
lloraban y le preguntaban cosas que no se atrevían a inquirir
al médico; en resumen, detectó en ellas la necesidad de
contar con apoyo emocional y decidió formarse como terapeuta
para cubrir esa parte y brindar un servicio completo. Después
abandonó la clínica y abrió un consultorio privado,
pues se enamoró de esa área, de hablar con la gente, de
sentir que podía ayudarles en momentos de crisis. Aunque actualmente
se dedica a su consulta, mantiene el contacto con médicos y clínicas,
con los cuales desarrolla proyectos independientes —asiste a las
clínicas para atender parejas, da seminarios, hace evaluaciones
para donadores de esperma u óvulos—.
En un fugaz acercamiento a su vida familiar, nuestra invitada nos platica
que se casó, tuvo tres hijos —triates—, se separó,
se divorció y vive actualmente con sus hijos.

Para profundizar un poco en la personalidad
de Emma, le pedimos que nos comente acerca de las actividades que disfruta
hacer, y empieza diciendo que siempre le ha gustado mucho practicar
deportes y lo hace cada vez que puede: va a correr, a nadar, a alguna
clase de aeróbicos, acondicionamiento físico o de baile.
Además, nos dice que ha gustado siempre de la música,
practicando el tocar guitarra desde muy joven—cuenta que en su
casa compraron una guitarra para su hermano, pero que ella aprovechó
la oportunidad para aprender—; tomando clases de canto, escuchando
música de todos colores y sabores, en cada momento de su día
—trova cubana por siempre, baladas en inglés, obras corales,
jazz, Astor Piazzola y otros exponentes del tango, ópera, música
tropical, un poco de música clásica—. Nos platica
que también disfruta del cine, en especial de películas
románticas y que cuenten una historia basada en hechos reales,
de preferencia con un tinte dramático. Recuerda, en particular,
“La vida es bella”, pues, nos dice, la impactó mucho
por su condición de madre, al ver el esfuerzo enorme del protagonista
para evitar que su hijo sufriera. Nos menciona también “África
mía”, que, aunque no sabe si está basada en una
historia real, le pareció muy interesante, pues nos muestra como
una pareja se va a vivir a ese continente, como se desarrolla su relación,
como ella se integra a la comunidad del lugar donde viven. Nos platica
que, al final de la película, él muere en un accidente
de aviación y ella permanece en el lugar.
Pasando al aspecto de la lectura, nos confiesa Emma que no es muy afecta,
pero guarda especial cariño por la novela “La insoportable
levedad del ser” de Milán Kundera, por el corte psicológico
y la descripción de personalidades.
Ante la pregunta “¿cómo eres?”, responde nuestra
invitada que es muy nerviosa, y le respondemos que eso es incongruente
con el comentario de Ana Patricia de que es una de las personas en las
que confía para mirarla en los conciertos, a diferencia de otros
a quienes no voltea a ver porque tienen una cara de “esto está
saliendo horrible”. Nos dice entonces que se ha puesto como consigna
aceptar su nerviosismo, respirar profundamente y fijar la vista en la
directora para concentrarse. Además, le gusta estar conciente
de la cara que muestra al público y de la emoción que
transmite, pues no desea hacer saber que por dentro está muriendo
del nervio o de la preocupación, cuando la intención es
transmitir algo padre. Como remedio a la tensión, nuestra compañera
sonríe, lo cual la relaja y, al mismo tiempo, transmite tranquilidad
y gozo. Además de la sonrisa, hace un repaso mental de las piezas
antes del concierto, ya sea en el recinto o en su auto camino al evento,
lo cual también le infunde tranquilidad y seguridad.
De la manera en que se integró a Voce in Tempore, nos cuenta
que tenía varios años —6 o 7— con la idea
de entrar a un coro, inquietud que venía desde su época
universitaria, en la cual tuvo oportunidad de participar en una clase
de canto junto con seis compañeros, en la cual montaron aquella
canción de Alfredo Zitarrosa que dice “en mi país
que tristeza, la pobreza…”, y nos la canta suavemente nuestra
invitada, generando un lindo y breve momento. Cuando el instante se
disipa, continúa diciendo que también tomó clases
de canto con el profesor Enrique Aguilar y allí se integró
a un pequeño ensamble que montó y cantó algunas
piezas navideñas, dejándole a nuestra invitada un agradable
sabor de boca. Sin embargo, dejó pasar algunos años y,
comentando en una ocasión con dos amigos muy queridos para ella
—Carlos Arozamena y Hugo López, que tienen algunos años
cantando en el coro “Fuenteclara”— les comunicó
su inquietud y su deseo de entrar al coro en que ellos participaban.
Afortunadamente para Voce, su deseo no se hizo realidad, debido a su
inexperiencia en materia coral; para entonces, Carlos le comentó
que iba a realizarse un festival coral en Coyoacán y le sugirió
que asistiera, pues seguramente allí iba a encontrar un grupo
al que integrarse. Asistió al festival, le fascinó, acompañó
a los coros a la callejoneada y, al final, cuando todos los cantantes
estaban en el escenario, Emma pensaba “yo quiero estar allí
cantando”. Cuando todo se terminó, Carlos le señaló
a un grupo de personas y le dijo: “Yo creo que el coro de ellos
te va a gustar mucho, ensayan en el sur, su repertorio te va a gustar,
es variado”. Ella se acercó, concertó una audición,
la aceptaron y lleva ya 5 años, cumplidos el 4 de julio de 2007.
Nos comenta que recuerda perfectamente la fecha porque entrar a Voce
significó el cumplimiento de un sueño.
Con respecto a sus experiencias dentro
del ensamble, nos comenta que, en general, lo que más le ha gustado
es la variedad de actividades que el coro ha realizado, y nos menciona
como ejemplos las cantadas tanto en iglesias como en un reclusorio,
y el participar en eventos con las comunidades de Chiapas, por una parte,
o con los miembros de APAC, por otra. Emocionada, nuestra invitada nos
platica de la participación del coro en la inauguración
de la página web de APAC, de la cual conserva grato recuerdo
del repertorio cantado en la ocasión, y también de haber
escuchado hablar frente a la concurrencia a una muchacha llamada Adriana
Martínez, perfectamente arreglada y segura de sí misma,
haciendo ademanes sutiles y sosteniendo las páginas de su discurso
con sus cuidados pies, agradeciendo a sus padres el esfuerzo realizado
para sacarla adelante. Nos comenta Emma que escuchó el discurso
con un nudo de emoción en la garganta, y recuerda que después
de eso les tocaba cantar; nos comenta además que esa mujer sorprendente
recién publicó un libro, que nuestra invitada ya adquirió
y se encuentra leyendo en estos días. En este mismo tenor, nos
cuenta de su vivencia al acudir a cantar al reclusorio: las fuertes
dificultades para entrar, lo impactante de estar frente a los presos
y sus familias, la tensión del grupo y de su directora, el esfuerzo
por mantener la concentración, el disfrute del público
y la satisfacción del ensamble al terminar una presentación
que, pese a todos los obstáculos, salió muy bien. Y continúa
describiendo su experiencia con un coro de indígenas chiapanecos,
muy jóvenes y perfectamente ataviados con sus trajes típicos,
de la cual recuerda en particular que la sorprendió su alegría,
pues venía representando a su Estado, que acababa de sufrir una
sacudida político-social, pero cantaba cosas tan lindas que,
al final, estaban profundamente conmovidos. Por último, nos comparte
que también ha disfrutado mucho el recorrido cultural que ha
realizado junto con Voce, visitando lugares y escenarios que de otra
manera no habría conocido.
Con relación a las experiencias desagradables, nuestra compañera
nos dice que han sido muy pocas, entre las cuales menciona momentos
de cansancio, de angustia, de preocupación, de nervios. Menciona
también el cambio que se dio en el coro hace un año y
medio, en el cual muchas personas se fueron y otras llegaron, por lo
que se dio un renacimiento del grupo, una etapa de adaptación
que fue difícil, como todo proceso de cambio. En suma, Emma concluye
que ha habido mucho más positivo que negativo.
En Voce in Tempore nuestra entrevistada juega un papel muy importante
y difícil, el papel de tesorera, un papel que pocos quieren desempeñar
y que todavía menos pueden desempeñar de manera efectiva.
“¿Cómo llegaste a jugar ese rol?”, le preguntamos,
y comienza a contarnos que ocurrió hace poco más de tres
años, a instancias de la anterior tesorera, una soprano llamada
Brenda, que la recibió en el coro, la apoyó mucho y se
convirtió en una buena amiga. Cuando ella se fue, Ana Patricia
le pidió que se hiciera cargo de la responsabilidad, y ella aceptó
con gusto pero también con nervios. Emma comienza a describir
los diferentes aspectos de su labor; nos dice que tiene que entregar
las cuentas claras, pues todo el coro deposita un voto de confianza
en ella, que tiene que cuidar cada ingreso y reponer el dinero que se
llega a extraviar, y que tiene que recordarle a algunos compañeros
que hay que aportar. Nos platica que ha disfrutado de su papel pues,
a través de él, ha conocido mejor a cada uno de sus compañeros,
en el sentido de observar que todo mundo tiene momentos difíciles
y momentos más fáciles, momentos de holgura y solvencia,
y momentos en que nos atoramos, y se ha dado cuenta del enorme esfuerzo
que todos hacemos y de la gran voluntad que hay. Asimismo, nos comenta
que ha ido aprendiendo a organizarse, al grado de ya no recibir dinero
si no tiene a la mano la libreta donde registra las entradas. Por último,
nos señala que a veces le dicen “Emma, te debo”,
y ella responde que no le deben nada, que la aportación es para
el coro, que ella es sólo el rostro que en ese momento representa
al grupo.
Acercándonos al final de esta conversación, pedimos a
Emma que se describa interiormente, lo cual la obliga a reflexionar
un momento, antes de comenzar a retratarse como una persona que tiene
un mundo interior muy activo, que siempre está pensando, sintiendo,
observándose a ella misma y a los demás. Se encuentra
frecuentemente revisando su pasado, cuestionándose acerca de
su presente, imaginando el futuro, y duda entre clasificarse como fantasiosa
o soñadora, porque tiene un mundo paralelo dentro de su cabeza,
en constante comunicación.
Se considera apasionada y muy entregada a las cosas que hace. Además,
es amante de los retos y entusiasta de las cosas que descubre. Sin embargo,
confiesa que el miedo se encuentra presente en su vida, una sensación
constante a la que se enfrenta y vence para poder seguir con sus proyectos
y búsquedas.
Nuestra invitada percibe a Dios como una fuerza muy presente en su vida,
manifiesta concretamente en sus tres hijos. Alejada de la Iglesia debido
a diferencias importantes, no deja de agradecer a Dios por ellos, por
su salud, por su bienestar. En ciertos momentos, también toma
conciencia del don de su propia vida, de su propia salud y de todo lo
que tiene, y se considera afortunada. Nos platica que se siente muy
protegida, pues tiene fe en los ángeles de la guarda, que la
dirigen y la previenen, a los que describe como seres “que están
por ahí”, al servicio de cada persona de las que estamos
en la Tierra, con la tarea de ayudar a que uno esté mejor; nos
dice que ella tiene la fuerte impresión de que en ciertos momentos
difíciles de su vida ha encontrado a ciertas personas que le
han brindado orientación para llegar al lugar adecuado o hacer
lo más conveniente en cada circunstancia, o al contrario, que
la han alejado de alguna situación negativa.
De pronto, Emma se da cuenta de lo extraño que podría
parecer lo que nos comparte, pero se tranquiliza cuando este entrevistador
le recuerda que por este micrófono han pasado ya varias versiones
de la manera en que Dios, la Vida, el Universo o la Fuerza organizan
los elementos para que todo esté bien y en su lugar. Es entonces
cuando nos dice, redondeando su idea, que, si le preguntáramos
si la gente es buena o mala, ella respondería categóricamente
que es buena; dejando de lado el daño que una persona pueda hacer
a su prójimo, en los casos de enfermos mentales, malos momentos
o acciones inconcientes, nos comparte nuestra invitada que trata constantemente
de conectarse con el lado amable y bondadoso de las personas. De esa
manera, explica, tiende a relacionarse con gente buena, y eso la hace
ser muy optimista; para ella funciona de tal manera que si se encuentra
con alguien con quien no hay química, entonces se aleja y busca
a alguien más con quien sí pueda sentirse a gusto.
Hablando un poco de política, de ideales y de la situación
que vive este país, nuestra entrevistada se muestra, aquí
también, optimista, aunque, simultáneamente, realista;
nos dice que ella considera que ha habido cambios, desde el sexenio
de Vicente Fox y en este mismo, aunque no cree en la espectacularidad
ni en los milagros, sino en los procesos lentos y en los pasos pequeños.
En general, nos dice, tiene esperanza de que México va a mejorar
y avanzar, al mismo ritmo en que la educación y la conciencia
—en todos sentidos— de la gente, y de los gobernantes, aumenten.
Sin embargo, al mismo tiempo la invade una gran desesperanza, pues considera
que son muchos años de no tomarnos en serio, de no tomar decisiones
y respetarlas, de no poner límites, de no establecer lineamientos
y metas, tanto gobernantes como gobernados, como en otros países
donde dicen “vamos a hacer esto” y lo hacen, independientemente
de si a todos los involucrados les gusta o no. En México, dice,
nos gana esa parte tan humana que tenemos todos de dejarnos llevar por
la ambición, por el interés personal, por las ganas de
figurar, lo cual nos impide jalar para el mismo lado, subirnos todos
al mismo barco.
Y esta conversación tan rica llega, tristemente, a su fin; no
hay mucho más que preguntar, salvo brindar la libertad a nuestra
compañera de añadir un mensaje para sus compañeros.
Emma, dirigiéndose al coro, nos dice: “Para mí el
coro es muy, muy importante, ha sido un pilar en mi vida… (se
detiene unos instantes, la emoción la embarga, con una sonrisa
se lleva las manos a la garganta para indicar que tiene un nudo) Lo
que pasa es que cuando yo entré al coro, me estaba separando,
entonces fue en un momento clave, además de la necesidad que
yo tuve siempre de cantar y de pertenecer a un coro, eso se sumó
al momento en el que entré, y me ha tocado ver gente que viene
y que va, y que habla del significado que tiene para ellos el coro,
y para mí sigue siendo fundamental pertenecer al grupo, la posibilidad
de realizarme cantando, a través de la música, a través
de una mirada o una sonrisa de gozo que se cruza con un compañero
en medio de un concierto, con el que estás en la misma frecuencia,
lo cual crea un momento único, unos hilos que te unen a cada
persona en diferentes momentos, y que tal vez nunca se expresen de otra
forma, pero que ahí quedan y que son lo que, a fin de cuentas,
te llevas.” Por último, nuestra invitada agrega una breve
disculpa para aquellos que se han extrañado de que en el último
año no haya podido asistir regularmente a los ensayos dominicales;
nos dice que el momento que está viviendo ahora no le permite
cumplir con esa parte del compromiso, tal como lo ha hecho en otra etapa,
y agradece muchísimo que se le de la oportunidad de seguir perteneciendo.
Así llegamos al final de una entrevista más, que esperamos
hayan disfrutado. Este entrevistador agradece la paciencia a su pausado
ritmo de trabajo, y amenaza con volver el año próximo.
Hasta entonces, lo mejor para cada uno de ustedes, queridos lectores.
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